Lo mío es tuyo y lo tuyo es mío: ventajas de la economía colaborativa

HiResEl concepto de “economía colaborativa” (sharing economy en inglés) se está extendiendo cada vez más en ciudades y comunas de los países desarrollados. Al parecer, los ciudadanos están mostrando un interés creciente por este tipo de prácticas colaborativas que consisten, básicamente, en reemplazar consumo por intercambio. En otras palabras, compartir/intercambiar y no comprar.

Algunas empresas están tomado nota de estos cambios en los patrones de consumo y han comenzado a explorar nuevas posibilidades de oferta. IKEA, la compañía sueca líder en el mercado de mobiliario, realizó recientemente un estudio que muestra que la gente está cada vez más interesada en el intercambio de bienes de segunda mano. Por esa razón IKEA estudia con interés y en detalle el potencial de esta nueva modalidad de consumo.

¿Qué significa “compartir” exactamente?

La economía colaborativa o “economía de compartir”, no se circunscribe únicamente a productos. Implica más bien un cambio de mentalidad o si se quiere, de paradigma. Se pueden compartir productos tales como libros (es el caso de las bibliotecas) o ropa, pero también se pueden compartir espacios, por ejemplo. Ya existen espacios de trabajo donde la gente puede ir y ofrecer servicios tales como reparación de objetos o tareas de carpintería, costura, etc. e intercambiarlos por servicios similares de otros oferentes. En este contexto, habría que mencionar la práctica de compartir vehículo,  la cual se está volviendo cada vez más frecuente.

Otro elemento que se puede compartir es el tiempo. Quizás usted no tenga tiempo de pasear el perro los fines de semana, pero puede encontrar otra persona que sí lo tenga y acordar algún tipo de intercambio con ella.

Se pueden también intercambiar experiencias y habilidades. Por ejemplo,  clases de piano por clases de cocina de la India, clases de español por clases de francés y así. Las posibilidades son infinitas y los beneficios ambientales y sociales, enormes: reducción de emisión de CO2 al disminuir la actividad industrial, reducción de deshechos, desarrollo de conductas solidarias y de cooperación, formación de comunidades virtuales y/o reales, y la lista sigue.

Economía colaborativa o “de compartir”, trueque, préstamo, alquiler, “leasing” son conceptos relacionados entre sí y que apuntan a una misma dirección: promover iniciativas que alivien el planeta de las consecuencias que acarrea la producción ilimitada de bienes y el consumo indiscriminado de recursos. Hablamos de contaminación, generación de residuos y problemas sociales como pobreza, desigualdad y segregación, sólo por nombrar algunos.

Por último, ¿estamos entonces en condiciones de afirmar que la economía colaborativa es la panacea contra los males ecológicos que aquejan al planeta? Por supuesto que no. Toda modalidad innovadora que lentamente se abre camino en la sociedad, suele presentar desafíos, despertar dudas y también, razonables cuestionamientos.  Pero el modelo de economía colaborativa exhibe indiscutibles ventajas sociales y ambientales que lo vuelven atractivo a los ojos de un número cada vez mayor de individuos y sociedades.

 

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